ENLAZARNOS COMO HUMILDES ÁTOMOS QUE CONSTRUYEN GIGANTES

Un átomo está formado por electrones que dan vuelta alrededor de un núcleo. Ese núcleo, a su vez, está lleno de protones. Los humanos nos parecemos curiosamente a los átomos. Como ellos, estamos formados por experiencias y vivencias que dan vueltas en torno a un núcleo que contiene nuestras creencias y valores.

Nuestros electrones son las cotidianidades, las contingencias, los imprevistos. Nuestros protones son nuestra esencia, nuestra razón de existir. Por su naturaleza, los electrones son volátiles y, a menudo, se separan de sus átomos. Los protones, en cambio, nunca lo hacen. De esta manera los humanos vivimos a diario experiencias volátiles que, con el tiempo, forman un núcleo de valores difíciles de cambiar.

Cuando un átomo se junta con otro átomo se forma un enlace. Cuando un humano comparte con otro humano, se forma una relación. Y así como cuando muchos átomos se juntan con muchos átomos para formar las montañas que nos rodean, los mares que nos dividen y los animales y plantas con los que convivimos, de la misma manera, cuando muchos humanos comparten con muchos humanos, se forman sociedades y culturas.

El elemento de la vida

El carbono es un tipo de átomo bastante particular. Llamado el elemento de la vida, está presente en todo organismo vivo en nuestro planeta. Además, cuando muchos átomos de carbono se juntan entre sí se forman materiales increíbles, como el diamante o el grafito.

El diamante brilla. El grafito es oscuro. Con el diamante se hacen joyas. Con el grafito se hacen dibujos y se escriben libros. El diamante es fuerte y rompe. El grafito se rompe para dejar su rastro. A pesar de tener tan distintas propiedades, su composición es idéntica: átomos de carbono, cuya única diferencia fueron las condiciones al momento de enlazarse, tales como la presión atmosférica y la temperatura.

Nuestras sociedades no se comportan de manera distinta. Somos un conjunto de humanos enlazados que también recibimos presión y que también tenemos temperaturas que nos moldean a ser un tipo u otro de sociedad.

Quizás resulta significativo que, a diferencia de los átomos, nuestra naturaleza es empática, y tenemos la capacidad de decidir con quién enlazarnos, lo que nos lleva a tener la capacidad de decidir qué tipo de sociedad queremos construir: tan hermosa como el diamante o tan trascendental como el grafito. Somos conscientes de las condiciones de presión y de cómo manejar nuestras temperaturas.

El carbono es fundamental para formar el ADN de nuestro cuerpo. Pero nosotros, como individuos, somos fundamentales para formar nuestras sociedades. De nuestras decisiones depende en buena medida el resultado de esas uniones. Tenemos la capacidad de enlazarnos como humildes átomos que construyen gigantes.

fotografía – Arnaldo Utrera

By | 2017-03-06T11:17:04+00:00 August 1st, 2016|